Esta página es una expresión de admiración y orgullo por el pueblo, la tierra y la cultura nariñense. No implica necesariamente manifiesto de pleno seguimiento por alguna doctrina en particular.
La memoria me hace inevitable la compañía de aquellos momentos que marcaron mi vida desde su comienzo. De una sencilla galería de hechos, muchos asombraban a mi madre cuando hacía alusión a ellos, quien me expresaba que para entonces era apenas un infante.
Y si, fue así, apenas era un infante cuando quedó grabado en mi mente ese recuerdo que jamás he olvidado. Era el sonido de las aguas que yo no lograba interpretar y que aumentaba a medida que bajaba en brazos por un camino de piedras grises y escalones; lo confundí con el sonido de la lluvia, pero quien me llevaba me explicó y mostró que se trababa del río. En ese momento sentí algo de temor, el temor propio de un niño que observaba con natural asombro todo el lugar desde lo profundo del abismo.
Ahora que han pasado los años, vuelvo al sitio según se presenta la oportunidad, e igual como en aquel entonces me invade ese asombro de niño, aunque ya no con temor sino más bien con una sensación difícil de explicar que tan solo se refleja en la paz interior que deja el visitar al "milagro de Dios en el abismo".