Santuario de Las Lajas - Ipiales

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Gracias te doy, Señor, por tu amor, por tu bondad, por tu generosidad y por tu misericordia.

Gracias te doy, Señor, por acompañarme, por apoyarme, por ayudarme, por guiarme.

Gracias te doy, Señor, por todos los dones que me has dado, por el amor y la fe, por la bondad y la gratitud, por la paciencia y la esperanza, por el valor para enfrentar mis miedos y por la fortaleza para superar el dolor.

Gracias te doy, Señor, por el don de ser el hijo de mis padres, por el don de ser el padre de mis hijos, por el don de ser hermano de mis hermanos y amigo de mis amigos.

Gracias te doy, Señor. Recuerda, Señor,  a tus hijos que estamos secuestrados, a los que nos quieren, a los que nos recuerdan, a los que nos esperan y a los que nos olvidan".

Fernando Araujo Perdomo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escena en Las Lajas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta página es una expresión de admiración y orgullo por el pueblo, la tierra y la cultura nariñense. No implica necesariamente manifiesto de pleno seguimiento por alguna doctrina en particular.

El autor/webmaster.

El significado

He preferido siempre visitar Las Lajas haciendo un recorrido a pie para así experimentar a plenitud la impresión sobre los sentidos, la misma que comienza con el impacto que causa todo el conjunto, el Santuario visto desde lejos en medio de la geografía andina.  Todos los visitantes comienzan contemplando el paisaje circundante y en la medida en que se acercan a la imagen de la Virgen, la óptica resume los puntos de interés, pasando por la estructura del poblado, la basílica, su arquitectura externa, su interior, para finalmente terminar con los ojos concentrados allí, en ese pequeño espacio de la roca en donde quedó impresa esa mirada eterna, la mirada de la Virgen, mirada que pareciera escudriñar el alma y de la cual nadie escapa, que ablanda corazones, que hace derramar lágrimas, que ilumina con brillo de esperanza, que invade a los fieles en el silencio de la reflexión.

Y es que en este sitio que funciona del modo que lo diría alguna vez un sacerdote, como antena de la fe, es casi imposible no reflexionar. Aquí cada peregrino es tan humano como otro, trayendo sus necesidades, sus temores, sus angustias, sus dolencias, sus anhelos, su esperanza,  su gratitud; sin importar la posición o condición social, sin importar la raza o nacionalidad.

El pasado 18 de abril de 2008 el Canciller Fernando Araujo Perdomo, quien sufrió durante seis años la infamia del secuestro hasta el día en que logró escaparse de sus captores, visitó el Santuario de Las Lajas. En el camino a la basílica, sobre una de las rocas dejó pegada una placa con su 'oración del secuestrado'. Al igual que él, muchos personajes importantes de la vida pública nacional han visitado a la Virgen y otros tantos han dejado su testimonio de fe adherido a las paredes de lajas. Personalmente, hace unos años, fui testigo del momento en el que era colocada una placa de gran tamaño en la que el Ministro de Defensa de aquel entonces confiaba a la Virgen de Las Lajas las Fuerzas Militares de Colombia. Pero así como se han fijado elaboradas y decoradas inscripciones o en idiomas diferentes al castellano, también se encuentran otras más humildes hechas con apenas un poco de pintura para trazar el reflejo de la devoción u otras tantas sin importar la ortografía o la composición de las palabras.

De esta manera, blancos, negros, indios y mestizos, ricos y pobres, jóvenes y viejos, ejecutivos y obreros, citadinos y campesinos, ilustrados y menos letrados, gente de todas las condiciones y rincones del mundo acuden al Santuario de Las Lajas movidos por la fuerza inquebrantable de la fe.

Días antes de la visita del Canciller, un hijo de esta tierra, el ex senador nariñense Luis Eladio Pérez, quien casualmente, también sufrió el martirio del secuestro durante más de seis años, visitó a la Virgen de Las Lajas para manisfestar públicamente su fe y gratitud, pues considera que le brindó la fuerza espiritual en los momentos más difíciles de su cautiverio. De igual manera expresó su petición a la Virgen por la ayuda en el camino de la libertad de todos quienes aún permanecen privados de ella en las selvas de Colombia.

El Santuario de Las Lajas, es entonces un escenario que va más allá de la piedra, más allá del desafío que superó su construcción. Además de recoger los sentimientos individuales de cada peregrino, simboliza también el ahnelo de vivir en paz del pueblo colombiano, la esperanza por un futuro, ojalá cercano, en el cual hayamos logrado construir una sociedad que progrese sin violencia de ninguna índole, sin apelar a las armas que han desolado esta nación y en donde las diferencias se resuelvan con respeto a la integridad física y moral de los otros, con respeto al bien ajeno y sobretodo con el respeto sagrado y fundamental a la vida.

No me imagino a Nariño sin el Santuario de Las Lajas. Es nuestro ícono, nuestro orgullo, es una parte viva de la sociedad, de nuestra a veces anónima historia, pero que gracias a eventos como los de aquel 15 de septiembre de 1754 ha logrado salir a flote y enseñar un pedacito de belleza de esta tierra y la grandeza de su gente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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